Balnearios

Siempre he pensado que los balnearios nacieron en los llanos de Venezuela, cerca de San Fernando de Apure. Quizá todo comenzó en el Casanarito, río que desemboca en el Capanaparo, un pequeño oasis donde mi familia acampaba en vacaciones.

No conservo ningún registro fotográfico de ese hermoso refugio, pero es así como se mantiene en mi memoria:


Desde entonces siempre quise volver, pero me encontré con este río que no deja de sonar: el Guaire me atrapó.


Mucho se comentó y reseñó sobre mis paseos por el río Guaire, de entre todo lo dicho y escrito transcribo lo que escribió Marc Caellas:

«Amada pone en imágenes los sueños para su ciudad, su ideal de felicidad para una tarde después del trabajo: un picnic en el Guaire. Un lugar a donde llevar a sus amigos, ya sean de Rumanía, de Dinamarca o del barrio de Gràcia. Un espacio para disfrutar de los cielos caraqueños a esa hora en la que el sol se esconde entre las cumbres. Amada ha encontrado en la fotografía la mejor manera de compartir buenos momentos. Sus territorios de ficción quizás no sean turísticos pero son verdaderos porque, como decía Machado, la verdad también se inventa.» (Un picnic en el Guaire, 2009)


Después de un tiempo, Andrés me habló de los arroyos que cruzaban la Barcelona medieval: el Merdançà (río de mierda) y el Cagalell (cagarruta). Éste último quedó sepultado cuando construyeron encima La Rambla.

Andrés y yo iniciamos nuestras andanzas por esta gran vía imaginándola como el río que una vez fue; Lahuerta la describe como “torrentera, cloaca, jirón de prostituta, gran avenida”. Ésta es la postal que conservo de nuestro recorrido por Barcelona, que incluye también los inflables de piscina que él mostró en Color perro que huye.

Fotogramas del largometraje Color perro que huye (Andrés Duque, 2011):




... y esa erosión es la de una ciudad que cambia y uno se resiste; igual que Caracas.

Continuando en esta búsqueda de balnearios en espacios públicos y naturales, finalmente encontré un club donde niños felices chapotean en una piscina junto a personas completamente relajadas: este lugar no es otro que una cárcel. Después de intentarlo durante varios meses, pude compartir y tomar sol con los presos y sus hijos en la piscina del Centro Penitenciario en la Isla de Margarita. Entonces se me impuso una paradoja: somos presos en la ciudad mientras los presos son vacacionistas




Con este envío he querido mostrar parte del recorrido que en mí ha tenido Penitenciario; y poder mostrarlo en una secuencia que me incluye me ha sido muy útil.

Amada Granado.

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Acuarela: Valentina Alvarado Matos.